El alcohol ha sido mi droga de elección desde mi
primer ruso blanco. Desde el principio me atrajo ese ritual de preparar y beber
un cóctel.
Nunca me atrajo la mariguana, e incluso en la universidad,
siempre elegí la cerveza por encima de los porros. Pero ahora que barmans de
todo Estados Unidos están experimentando con cócteles aderezados con mariguana,
ha despertado mi interés.
A medida que un creciente número de estados adopta medidas
para legalizar y despenalizar la mariguana, los barmans del cóctel (bartenders)
y del cannabis (budtenders) se están uniendo, en la misma forma que los chefs
han comenzado a experimentar con alimentos gourmet condimentados con THC
(tetrahidrocannabinol, la parte potente de la hierba).
Los maestros del cóctel están probando dos tipos de bebidas:
cócteles con THC (donde es legal) y cócteles diseñados para imitar los sabores
reales y herbales de la mariguana.
En comparación con los comestibles, en donde se usan
extractos de la planta en forma de aceite o mantequilla, las tinturas (esencias
de hierbas que son extraídas mediante la maceración en alcohol) son el vehículo
preferido para las bebidas. Los barmans utilizan Everclear u otro alcohol de
alta graduación para extraer el THC de la planta.
Pero incluso en los estados donde la mariguana recreativa es
legal (Alaska, Colorado, Oregon y Washington), el consumo público generalmente
está prohibido, lo que imposibilita las reuniones ‘verdes’ en bares o
restaurantes. La experimentación de vanguardia se da en eventos privados y en
la clandestinidad.
Quizá el referente para los cócteles de cannabis
de gama alta fue establecido en 2012, en Roberta’s en Brooklyn. El restaurante ofrecía una cena clandestina que incluía un cóctel Gin Sour con toques de THC (ginebra, limón, azúcar, clara de huevo y bíter de toronja, además de una tintura hecha con ginebra, hojas de té Earl Grey, y una variedad de cannabis ‘atoronjada’) y el California Painkiller (ron, zumo de naranja recién exprimido, piña, y aceite de coco con infusión de mariguana, espolvoreado con nuez moscada rallada).
de gama alta fue establecido en 2012, en Roberta’s en Brooklyn. El restaurante ofrecía una cena clandestina que incluía un cóctel Gin Sour con toques de THC (ginebra, limón, azúcar, clara de huevo y bíter de toronja, además de una tintura hecha con ginebra, hojas de té Earl Grey, y una variedad de cannabis ‘atoronjada’) y el California Painkiller (ron, zumo de naranja recién exprimido, piña, y aceite de coco con infusión de mariguana, espolvoreado con nuez moscada rallada).
Estas no son bebidas a las que sólo se les añade hierba; son
cócteles diseñados para destacar (o, cuando tenía más sentido, minimizar) los
sabores y aromas de las cepas específicas de mariguana utilizada.
“Recuerdo que pensé, esto abre una nueva puerta en los
cócteles”, recuerda Mike Stankovich, que creó las bebidas para el evento y hoy
es gerente del bar Alameda en Brooklyn. “Nadie habla de ello, pero sales a
beber cócteles para sentir algo, como quiera que lo llames, para relajante o
distenderte. En términos de beneficios recreativos, estás abriendo la ventana
un poco más”. Stankovich no sirve ahora esos cócteles, pero le gustaba tanto el
Painkiller que ofrece una versión falsa en el Alameda, hecho con shiso en lugar
de cannabis.
RIESGOS POTENCIALES
Por supuesto, no todo el mundo es fan de la idea de mezclar
alcohol y mariguana. Añadirle tintura de mariguana a una bebida de alto
octanaje como el cóctel Old Fashioned “no es la manera más responsable de
consumir alcohol o cannabis”, insiste Jane West, dueño de Edible Events, una
compañía que organiza eventos con cannabis y cuya sede está en Denver, Colorado.
Scott E. Lukas, profesor de psiquiatría en la Escuela de
Medicina de Harvard, está de acuerdo, y ha investigado bastante sobre los
efectos combinados del alcohol y la mariguana para respaldar su opinión.
“Las personas no son buenas para reconocer cuando se
combinan los efectos de las dos drogas”, señala. “Te ralentiza, afecta tu
capacidad para tomar decisiones, y el alcohol hace que tomes más riesgos.”
Lukas está especialmente preocupado por las personas que
quisieran intentar manejar después de haber bebido licores con THC. Su
investigación ha demostrado que el tetrahidrocannabinol puede afectar la
percepción del tiempo y la distancia hasta 24 horas después del consumo,
incluso si el efecto máximo se desvaneció hace mucho.
Otra preocupación: los bebedores compulsivos podrían no
notar el reflejo protector de depuración que aparece tras el exceso, ya que el
THC ayuda a combatir las náuseas y los vómitos (esta es una razón por la que a
menudo se prescribe a pacientes con cáncer). “Las personas llegan a morir por
beber demasiado alcohol”, añade Lukas.
Dicho esto, el jaibol (como un gin con tónica o un Jack con
jengibre) sería un vehículo ideal para acompañar las tinturas de cannabis, dice
West: un poco de alcohol, mucha mezcla, y la tintura de THC justa para darle un
toque.
“Creo que dentro de 10 años habrá una manera totalmente
diferente de consumir las bebidas embriagantes”, afirma West. En otras
palabras, imagina un mundo en el que “embriagar” tiene un significado completamente
diferente, incorporando los efectos del THC, con o sin alcohol.
“Creo que las compañías productoras de alcohol tomarán nota
de esto y crearán productos de baja graduación alcohólica (con THC) que sepan
como un whisky o bourbon”.
INDUSTRIA EN CRECIMIENTO
El mercado del cannabis legal en Estados Unidos creció 74
por ciento en 2014, a 2.7 mil millones de dólares, un aumento de 1.5 mil
millones frente a 2013, de acuerdo con ArcView Group, firma de investigación e
inversión en la industria de la mariguana con sede en Oakland, California. Esto
hace que sea una de las industrias de más rápido crecimiento en Estados Unidos.
Stankovich piensa así: “En 30 años a partir de ahora, vas a
tener Stoli sabor mariguana”.





